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lunes, 27 de junio de 2011

Autocensura, mal de males

Roberto Iris Balam

No hay peor actitud que negarse asimismo, lo hice en mayo de 2010, en vísperas del día de la Libertad de Expresión. Alguien me dijo que los temas “escabrosos”, se los dejara a las nuevas generaciones porque yo ya estaba en la edad de las reconciliaciones.

A mi compa le pareció muy “fuerte” la caricatura que le había mostrado, era el dibujo de un exhibicionista mostrando sus partes, con una leyenda en la clásica gabardina, que decía: ¿Libertad de Expresión? Consorcio de Comunicación del Sureste.

He tocado este tema de la “libertad de expresión” treinta y tantas veces, desde que me iniciara en la cosa periodística, unas a favor otras en contra, según el punto desde donde estuviera tomando la perspectiva.
Pensando en las reconciliaciones con los que estuve en contra, tendría que empezar analizando mis propios actos y puntos de vista, para ir luego en busca de esa reconciliación.

La libertad de expresión es un derecho fundamental o un derecho humano, señalado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, y las constituciones de los sistemas democráticos, también lo señalan. De ella deriva la libertad de imprenta también llamada libertad de prensa.

Pero como siempre he dicho, tu derecho a expresarte libremente, nadie te lo otorga o debe otorgar, no lo podrás comprar nunca, tal vez venderla… La libertad de expresión es algo que se debe ejercer sin ningún temor a represalias, aunque invariablemente las hay.

En el Artículo 19 de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos", se lee: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión."

Se entiende que la libertad de expresión es el medio para la libre difusión de las ideas, esencial para el descubrimiento de la verdad, que es la que, como dice la Palabra, nos hace libres. Y como todo prospera, se utiliza la libre expresión como “mercado de ideas” para uso de la mercadotecnia. Pudiera estar bien, por aquello de que en cuestión de mercado, invariablemente se falta a la verdad, pero en la libre, uno siempre termina sabiendo en la competencia quién tiene esa verdad.

Pero todo tiene un límite que es “el principio de daño” o el “principio de delito”, un ejemplo es la pornografía o “el discurso del odio”.

Bien. Decía al principio de este artículo que me autocensuré con una caricatura donde represento al monopolio campechano, como un exhibicionista. Pues bien, no me desdigo y finalmente lo publico adjunto a este escrito. ¿Por qué?.

Tuve la mala experiencia de ser difamado en uno de sus medios escritos; el titular decía “Roberto Iris, vende pornografía en el mercado”. Falso. En otra ocasión escribieron que “la revista que dirige Roberto Iris, se imprime en los talleres gráficos del Gobierno del Estado”. Falso.

Pero ¿quién es Roberto Iris para reclamar sus derechos, y a quién? Si algún ciudadano hoy tiene alguna aspiración política, cualquier posición a la que se aspire, tendrá que ir a besarle la mano al Señor de las bestias. ¿De dónde tanto poder?

Se dice que el que menos se vende de los medios escritos del monopolio, recibe mensualmente arriba del millón de pesos, cuánto recibirá el periódico independiente. ¿Y la televisora? ¿y las radiodifusoras?

Es obvio que el dueño del monopolio gana muchisísimo más que el propio gobernador en turno. Y ¿de quién es la culpa?

Supongo que de aquellos que se dicen ser servidores del pueblo, que justamente, le entregan el dinero del pueblo al monopolio, porque el monopolio no empezó así, con tanto poder económico. No. Tan solo era un cacique más de Campeche; un estado con una extensión territorial mayor que el de los estados de Yucatán, Quintana Roo o Tabasco, pero con muy poca población. ¿Por qué?

Campeche es un estado que produce leche y miel, Con mar, bosques, ríos… Petróleo. Sin embargo se dice que hay más de cien mil habitantes en la pobreza extrema. Hay el mínimo respeto al indígena y a su cultura. ¿La culpa será del Gobierno?

Es su responsabilidad, pero hoy Campeche y sus gobernantes tienen un gran impedimento, el monstruo que los sangra y que coarta la verdad y deja a los campechanos sin el derecho a ser informados. Que es poco decir, tal vez la caricatura diga más que estas mil palabras.

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